Christian Fennesz coge un puñado de ruidos digitales y los organiza para encontrar el camino al rincón del cerebro en que se guardan los recuerdos. Uno de los discos imprescindibles de la última década, que este año cumple su décimo aniversario. Y, desde luego, uno de los discos perfectos para dar la bienvenida al verano.
martes, 21 de junio de 2011
Endless Summer
Christian Fennesz coge un puñado de ruidos digitales y los organiza para encontrar el camino al rincón del cerebro en que se guardan los recuerdos. Uno de los discos imprescindibles de la última década, que este año cumple su décimo aniversario. Y, desde luego, uno de los discos perfectos para dar la bienvenida al verano.
sábado, 21 de mayo de 2011
Soñadores
“Theo: Escucha Matthew...
Matthew: ¿Sí?
Theo: Tú eres un gran cinéfilo.
Matthew: Sí.
Theo: ¿Y por qué no ves a Mao cómo un gran director, haciendo una película con millones de actores, con sus miles de guardias rojos marchando juntos hacia el futuro con el pequeño libro rojo en la mano? Libros, no armas. Cultura, no violencia ¿No crees que sería una magnífica película épica?
Matthew: Supongo, pero… Es fácil decir “Libros, no armas”, y no es cierto. No son libros… Es Libro, un libro… Sólo es un libro.
Theo: ¡Cállate! Hablas igual que mi padre.
Matthew: ¡No, no! No, escúchame. Esos… Esos guardias rojos, a los que admiras, llevan todos el mismo libro, y cantan las mismas canciones y repiten como loros las mismas consignas. En esa gran película épica, todos ellos son extras. Da miedo. Me pone la piel de gallina. Siento decirlo, pero, para mí, hay una clara contradicción.
Theo: ¿Por qué?
Matthew: Porque si de verdad creyeras lo que estás diciendo, estarías fuera.
Theo: ¿Dónde?
Matthew: Ahí, en la calle.
Theo: No sé a qué te refieres.
Matthew: Sí, lo sabes. Está pasando algo, algo que podría significar algo importante, que podría hacer que las cosas cambien, incluso yo lo noto, pero no estás fuera. Estás dentro conmigo bebiendo vinos caros, hablando de cine, hablando de… maoísmo, ¿por qué?
Theo: Ya basta.
Matthew: No, dime por qué.
Theo: Basta.
Matthew: Pregúntate por qué. Porque no crees en ello de verdad. Te compras la lámpara y pegas los posters en la pared, pero no creo que…
Theo: Hablas demasiado..."
Mayo del ’68 explotó cuando a unos estudiantes se les prohibió entrar en una residencia femenina. Cada vez veo más paralelismos. Miro a mi alrededor y veo a los mismos protagonistas. Renegando del mundo desde sus residencias, sus pisos de estudiante. Lanzando adoquines entre vino y música. Gente ensimismada en su vida de comodidades protestando contra que el mundo que necesitan para seguir siendo lo que son. Las consignas cansadas de la izquierda indisoluble, paso a paso. Exactamente como la lucidez de Bertolucci describió.
El mundo no lo gobiernan los políticos. Lo gobierna el dinero. Las grandes corporaciones. El mundo del 2011 es similar al de 2000 o 2006. El sistema es el mismo. Lo único que ha cambiado es la coyuntura económica. Ahora hay poco dinero, y la gente ladra. Cuando lo había nadie protestaba. Vivíamos en la misma podredumbre pero la consentíamos, porque nos permitía vivir como reyes. Ahora no podemos y gritamos. Mañana la economía se recuperara y volveremos a callar, por si acaso. El mundo se cambia entendiendo lo que de verdad significan las palabras justicia, democracia, libertad, dignidad, humanidad, no mentándolas sin parar. Actuando como revolucionarios, no jugando a serlo. El mundo se cambia de forma individual. Pero esa es una pelea invisible. Y a nadie le gusta ser diferente. Siempre nos hemos sentido más cómodos en grupo. Menos mal que en Madrid tenemos pocos adoquines.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Viena
"Se aprende más de música viendo a Mahler vestirse que acudiendo a clase al conservatorio"
martes, 10 de mayo de 2011
Las horas del día
Tantos filósofos buscando durante siglos el sentido de la vida. ¿De verdad creen que tiene algún sentido? Al menos nos queda el cine. Si la vida no tuviera finales a lo Chaplin no merecería ser vivida. Y últimamente sólo veo finales a lo Jarmusch.
lunes, 25 de abril de 2011
Sueños
La nostalgia es una cosa curiosa. Uno tiene recuerdos no necesariamente agradables que, cuando vuelven mucho tiempo después, producen una extraña sensación de alivio. Pasa también con la música. Mis padres nunca fueron especialmente inquietos intelectualmente, pero aunque sólo sea porque son suficientemente viejos solían tener por casas muchos discos a tener en cuenta. Sin embargo, por rechazo a los progenitores, por inmadurez o simplemente por prejuicios siempre permanecía al margen de toda aquella música que había conocido de niño. También parte de culpa tuvo que ciertos grupos decidiesen dilapidar sus carreras triunfando con música sin sustancia que de alguna forma tapaba la calidad de los discos estupendos que publicaron antes.
Para mí, Simple Minds eran sólo los responsables de aquella estúpida (Don’t You Forget) About Me, que The Human League habían acabado con las guitarras y Gary Numan era un hortera sin remedio. Y resulta que, dejando atrás los prejuicios, uno descubre que el primer synth pop tenía más que ver con el mejor post-punk que con las tonterías de mediados de los 80, que Simple Minds eran unos genios cuando nadie les conocía y que ABC inventaron a Pulp 10 años antes con su maravilloso debut.
Pero los casos más curiosos han venido de dos bandas que conocía precisamente por sus picos artísticos. El otro día descubrí por casa de mi padre el Architecture & Morality de los OMD en vinilo, y entendí por qué me vinieron a la cabeza tantos recuerdos al oírlo por primera vez, hace poco, y darme cuenta de que esa banda de la que siempre había huido habían facturado parte del mejor pop que he oído nunca. E igualmente extraño fue recuperar un discos de grandes éxitos de Fleetwood Mac que siempre había estado entre mis cds y encontrarme que aquellas cancioncillas que recordaba con sorna eran realmente un puñado de temas emotivos y melancólicos. Puede que esté empezando a derribar prejuicios. O que, simplemente, la vida me haya enseñado a escuchar atentamente el sonido de mi soledad.
domingo, 27 de marzo de 2011
Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space
martes, 8 de marzo de 2011
El apartamento (Billy Wilder, 1960)
Hay cierta frase repetida hasta la saciedad que dice aquello de que, con esfuerzo y deseándolo mucho, uno puede conseguir lo que quiere. Siempre me ha parecido una frase horrible, y no sólo porque la vea como una excusa para culpar a las personas de todos sus problemas, o porque sea totalmente falsa (la suerte y la capacidad de cada uno suelen jugar un papel mucho más importante que el esfuerzo). Me parece horrible, sobre todo, porque muchas veces para conseguir lo que se desea puede ser necesario realizar ciertas cosas que nunca se deberían hacer. Ya lo decía Woody Allen, “la gente buena duerme bien por las noches, pero los malos parecen pasarlo mucho mejor durante el día”. Y hay gente que prefiere ser buena y condenarse a la tristeza antes de hacer lo que no deben para conseguir su felicidad, antes que pisotear a los demás, que vender la dignidad o que olvidar todo lo que les convierte en un ser humano, en un mensch. Y lo peor de todo es que a esas personas nuestra sociedad llama perdedores.El apartamento es probablemente la película más lúcida, sincera, triste y romántica del siglo XX. Sorprende ver cómo, 50 años después, esas miserias que forman la base de nuestra sociedad y que tan bien retrata no sólo siguen ahí, sino que además no han hecho más que aumentar y extenderse. La cultura del éxito que denunciaba se ha convertido en la religión que mueve el mundo. Las personas cuentan menos que nunca. Y sigue habiendo aprovechados y gente de la que se aprovechan. Y lo peor es que estos saben que se están aprovechando de ellos y no son capaces de hacer nada. Y entre medias uno admira una de las historias más románticas que ha dado el cine. Con Lemmon me pasa como con Maistroianni. No hay técnica, es todo pura humanidad. C.C. Baxter es el espejo en el que por desgracia nos vemos reflejados muchos de nosotros, todos aquellos que han, que hemos, perseguido ilusiones imposibles, todos aquellos que han visto como su Miss Kubelik pasaba de largo llevándose su corazón desquebrajado entre sus mano, y han pensado que podían olvidarlo dedicándose a encerrarse en casa, calentando una cena precocinada, y, por supuesto, controlando el mando a distancia.
El apartamento es la vida. Y aunque la vida siga siendo una mierda, mientras existan cosas como El apartamento habrá valido la pena vivirla. Una maravilla.
“Yo solía vivir como Robinson Crusoe. Un náufrago entre 8 millones de personas. Y entonces, un día, encontré unas huellas en la arena, y allí estabas tú”